MUJERES VÍCTIMAS DEL SALVAJISMO EN EL HOGAR

 

Por: Evelyn Elizabeth Álvarez Pérez

https://orcid.org/0009-0008-1099-8712

¿Cuál es el verdadero motivo de la violencia en el hogar? ¿Cómo erradicar el salvajismo en los principales agresores? ¿Por qué ellas forman parte del papel vulnerable en la sociedad? En el Perú, el maltrato hacia las mujeres sigue siendo un problema grave y extendido. En 2023, se registraron 320,867 casos de ello contra ellas. Asimismo, los números relacionados con los feminicidios resultan preocupantes: 141 mujeres fueron asesinadas hasta octubre de ese año, y más del 56% de los casos estuvieron relacionados con la pareja de la víctima. Por eso, en el Perú, la violencia doméstica a la mujer genera la normalización del maltrato físico y psicológico. En el siguiente texto veremos la definición de este gran problema contra el sexo femenino, tipos de violencia, factores más influyentes, relación del alcoholismo con el maltrato y normalización del abuso físico y psicológico.

 

Navarro et al. (2014) afirma que los términos “violencia doméstica o familiar” incluyen todos los actos de maltrato físico y emocional que son producidos habitualmente dentro del hogar por un individuo integrante de la familia y que provocan en las afectadas impotencia, aislamiento, culpa, temor y vergüenza. Este gran problema puede presentarse en cualquier edad, cultura, religión, raza y/o nivel socio-económico.

Por otro lado, Baca (1996) coincide en que las mujeres que son víctimas de violencia familiar presentan características típicas como: postura de derrota, rostro endurecido, mirada perdida o fija y sin brillo; resentimiento hacia la pareja y familia, descargas agresivas contra los hijos, sentimientos de culpa, inseguridad, retraimiento y tendencia a aislarse, periodos de tristeza y depresión, ideas evasivas, ideas de suicidio, miedos, temores y en algunos casos pánico paralizante. Así mismo, en la investigación acerca de la ruta crítica que siguen las mujeres afectadas por la violencia intrafamiliar, OPS (1999) encontró que, en ese aspecto psicológico, las víctimas presentaron pérdida de control emocional, reducción de sus funciones intelectuales y de sus mecanismos de ajuste social, así como una autoestima socavada por el maltrato a la que estuvieron expuestas. Además, Mendoza (2010) indica que las principales variables subyacentes que determinan la probabilidad de que se generen acciones de violencia doméstica contra las mujeres en el Perú son las siguientes: la falta de empleo, el haber sufrido agresiones físicas por parte de sus padres durante su infancia y que esté en situación de casada o de convivencia. El nivel educativo y el tener un trabajo se convierten en factores que tienden a "proteger” al género femenino de la brutalidad de sus parejas: a mayor nivel de educación alcanzada y mayor nivel de ocupación laboral, menor es la probabilidad de que sea sujeto de violencia.

Pérez (2006) encuentra que la probabilidad de la violencia es mayor cuando la mujer está separada de la pareja, es más joven y tiene más de tres hijos menores en la familia.

 

Según Quispe (2017) señala que la violencia en el ámbito familiar es una de las principales expresiones de desigualdad del poder entre los miembros de un hogar. Este tipo de maltrato se ejerce de manera intencional y busca la dominación, el quebrantamiento y el sometimiento de la voluntad de otro integrante de la familia. El autor también menciona que, en nuestro país, este problema lamentablemente está en aumento. A pesar de los esfuerzos y las marchas de los grupos defensores de la mujer, cada día vemos como ellas son víctimas de la violencia en el lugar que debería ser seguro: el hogar. Las formas de estos maltratos pueden ser físicas, psicológicas, sexuales o económicas.

 

Paredes et al. (2010) menciona que hay diferentes tipos de violencia doméstica. La física abarca una escala de conductas que van desde un empujón o un pellizco hasta lesiones graves que llevan a la muerte. Ferrer (2011) añade que el agravio corresponde a las conductas en las cuales se incluyen actos de agresión física, tales como golpear, patear, apuñalar, quemar, bofetear, morder, empujar, estrangular, entre otros. Por otro lado, Quispe (2017) menciona sobre la psicológica: es la acción o conducta tendiente a controlar o aislar a la persona contra su voluntad, así como a humillarla o avergonzarla, lo que puede ocasionar daños psíquicos. El primer autor citado también menciona que criticar permanentemente el cuerpo o las ideas, hacer comparaciones con otras personas, cuestionar todo lo que hace y cómo lo hace, son conductas que se consideran agresión psicológica.

Por otro lado, Zariñán (2016) describe la violencia sexual como aquellas acciones u omisiones que amenazan, ponen en riesgo o lesionan de cualquier forma la libertad, integridad, seguridad y desarrollo psicosexual de las víctimas de dicha agresión. Por otro lado, Jiménez et al. (2014) añade el abuso económico como parte de la problemática, es decir a la falta de información sobre el monto de los ingresos familiares y el impedimento del libre acceso a ellos. Este tipo de maltrato también alude a la negación del ingreso familiar, a través de los cuales se busca la imposición y sometimiento de una persona de cualquier edad y de cualquier género. Gonzales (2017) aborda la violencia conyugal económica, a través de la cual a las víctimas se les priva o les restringe el manejo del dinero, la libre administración de los bienes propios de la víctima mediante conductas no permitidas que obligan a ella a verse impedida de su manejo.

 

Uno de los factores de este problema hacia el sexo femenino es el poder económico, según Mendoza (2010). cuando varón está empleado y la mujer está desempleada o no participa en el mercado laboral, la pareja masculina gozará de un mayor poder económico relativo y, por ende, mayor capacidad de dominio o de patriarcado.

 

En el ámbito social, el autor citado menciona que se relaciona con el tejido de relaciones y contactos personales o institucionales que posee una persona. Si el varón está más integrado a la sociedad o si la mujer está relativamente aislada del mismo, entonces, la pareja masculina gozará de un mayor dominio, lo cual se traducirá en la generación de una mayor violencia conyugal, dado que se acentúa el grado de posesión machista y patriarcal.

 

Según Mendoza (2010) en el ámbito del conocimiento está relacionado al capital humano de la persona, es decir, al stock de conocimientos acumulados. A su vez, depende básicamente de los aspectos de la educación. Una persona que alcanza un mayor nivel de enseñanza posee un mayor nivel de inteligencia y está mejor informado. El nivel de instrucción del varón condiciona la generación de dominio y, por ende, violencia conyugal a través de dos canales contrapuestos. Por un lado, un nivel educativo puede generar mayor poder de conocimiento e información de manera en que pueda cometer actos de abuso. Por otro lado, un varón mejor informado puede ser más respetuoso de las reglas de convivencia cooperativa y de los derechos humanos de la mujer, lo que podría generar menores niveles de violencia. Cuando más educada o instruida es una mujer, hace valer y respetar sus derechos, lo que a su vez permite que se produzcan menos actos de violencia o de agresión por parte de su pareja. Además, dado que la educación incrementa la productividad y competitividad personal, una mujer con mayor nivel educativo puede generar un mayor nivel de ingreso económico, lo cual, en la medida en que reduce el poder económico relativo del varón, tiende a coadyuvar a la disminuir la violencia conyugal contra la mujer.

 

Zuloaga (2021) sostiene que el machismo está compuesto por creencias, sesgos cognitivos y actitudes que inducen a las personas a comportarse como si las mujeres fueran menos valiosas que los hombres. Asimismo, define el patriarcado como un fenómeno social que, a lo largo de la historia, ha impulsado el machismo y otorgado ciertos privilegios exclusivos para los hombres.

El patriarcado es un sistema integral que se hace más visible en la conformación de los poderes del Estado y el conjunto de la sociedad, incluyendo normas, costumbres y creencias. Se trata de una forma de organización social en la que el hombre tiene la supremacía y relega a la mujer, y a lo femenino, a un segundo plano. Los hombres tienen intereses concretos y fundamentales en el control, uso, sumisión y opresión de las mujeres. Esta relación de poder provoca desigualdad entre los dominadore que son los hombres, y los subordinados que son las mujeres.

 

Según Ventura (2010), existe una fuerte conexión entre el alcoholismo y la violencia doméstica hacia la mujer, ya que un alto porcentaje de los casos de agresión contra mujeres por parte de sus parejas ocurre cuando estos se encuentran bajo la influencia del alcohol. De esta manera, se evidencia una mayor vulnerabilidad frente a ellos y se establece que la presencia del alcohol en el hogar esta significativamente relaciono con la agresión familiar, principalmente contra las mujeres, constituyendo una variable de riesgo. Los resultados de la violencia contra nosotras pueden no ser mortales, manifestándose en lesiones físicas o discapacidades crónicas o problemas de salud mental. Sin embargo, también pueden ser letales, ya sea a través del homicidio o por complicaciones derivadas de lesiones de por vida. Además de las consecuencias físicas, se observan muchos problemas psicológicos, como la baja autoestima y el aumento de la vulnerabilidad a las enfermedades. Las mujeres que sufren violencia doméstica tienen cinco veces más probabilidades de presentar problemas mentales en comparación con aquellas que no viven esa situación. Alteraciones como nerviosismo, ansiedad y trastorno de sueño son comunes entre el sexo femenino que sufre este problema. Las jóvenes en situaciónes de agresiones también están más vulnerables a abortos, violación sexual y enfermedades sexualmente transmisibles.

 

La normalización del maltrato físico, según Quispe (2017) se refiere a acciones que se realizan de forma voluntaria y que provocan o pueden provocar daño o lesiones físicas a la víctima. El citado autor también menciona que en lo psicológico generalmente se manifiesta de manera verbal, provocando o pudiendo ocasionar daños cognitivos, emocionales o conductuales en la víctima. Además, Amoroto (2016) agrega que estas consecuencias pueden derivar de una serie de actitudes de parte del agresor; entre las cuales se encuentra la hostilidad. Esta se manifiesta a través de reproches, lanzar insultos y amenazas; esta forma de desvalorización presume un descrédito de las opiniones de la víctima, de las labores que realiza y, en muchos casos, sobre el propio aspecto físico.

 

En conclusión, En el Perú la violencia doméstica a la mujer genera la normalización del maltrato físico y psicológico. Este problema en nuestro país afecta a una gran parte de población femenina, con impactos devastadores en las víctimas y sus familias. Asimismo, es evidente ello tiene raíces profundas en las desigualdades sociales y económicas. Que aún prevalecen en la sociedad peruana. Es decir, abordar esta problemática no solo es crucial para proteger los derechos humanos de las mujeres, sino también para promover una sociedad más justa y equitativa. Para que así solo a través de un cambio se podría erradicar la violencia y construir un futuro mejor para las próximas generaciones.

 

 

               Referencias Bibliográficas

Mendoza (2010). Determinantes de la violencia familiar contra las mujeres en el Perú: una estimación econométrica. Pensamiento crítico15, 045-06) https://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/pensa_critico/2011_n15/pdf/a04.pdf

 

Melo, A. (2015). Violencia de pareja: entre la normalización y la denuncia. una aproximación desde la ontología evolutiva. https://repositorio.uniandes.edu.co/server/api/core/bitstreams/f4fd01ad-57a7-46a2-b4c2-8207b134d590/content

 

Herrera, M., & Ventura, A. (2010). Consumo de alcohol y violencia doméstica contra las mujeres: un estudio con estudiantes universitarias de México. Revista Latino-Americana de Enfermagem, 18, 557-564. https://www.scielo.br/j/rlae/a/fkkYCC5msYxkx557XcKsSpM/?format=pdf&lang=es

 

Quispe, K. (2017). Relación entre las características sociales de los agresores y el tipo de violencia familiar denunciada en el centro de emergencia mujer de Tacna-año 2016. [Tesis de licenciatura, Universidad Nacional de Tacna.]. Repositorio institucional de la Universidad Alas Peruanas. https://repositorio.uap.edu.pe/bitstream/handle/20.500.12990/5777/Tesis_caracter%C3%ADsticas%20Sociales.agresores_TipoViolencia%20Familiar_denuncias_C.%20EmergenciaMujer_Tacna.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

Navarro, E., & Alban, R. (2014). Relación entre “mujer víctima de violencia doméstica” y “síndrome de mujer maltratada” en Trujillo, Perú. Revista Ciencia y Tecnología, 10(3), 159-169.

                      https://revistas.unitru.edu.pe/index.php/PGM/article/view/722.