Afectación a la salud mental en época de pandemia
INTRODUCCIÓN
A inicios del 2020, los diferentes estados dictaminaron un estado de emergencia debido
a la propagación del virus COVID-19, que habría cobrado miles de vidas alrededor del mundo.
Debido a la situación sanitaria, social y económica, surgen problemas psicológicos como la
preocupación, el estrés, la desesperanza, el nerviosismo, la inquietud, los problemas de sueño
y diversos trastornos mentales. Los gobiernos buscaron contrarrestar el número de contagios
exigiéndonos a una cuarentena obligatoria, es decir, a un confinamiento dentro de sus hogares,
por lo que los pacientes que ya padecían ansiedad o depresión tendían a experimentar ira e
irritabilidad con mayor frecuencia debido al aislamiento. (Navas et al., 2022)
Al principio solo se dictaminó que el confinamiento sería corto, pero no fue así, lo que
causa en las personas un período prolongado de cuarentena y las restricciones a la libertad
representan factores de riesgo que pueden causar un impacto psicológico más significativo.
Durante la pandemia, las personas presentaron mayor inestabilidad emocional y con
frecuencia la cantidad de personas con algún trastorno como depresión o ansiedad fueron
diagnosticadas generando así que la salud mental sea más valorada actualmente por la sociedad.
Así mismo La OMS (2020) señaló que la problemática del COVID-19 y el
confinamiento están generando serios impactos en la salud psicológica. Además de amenazar
la salud humana, la pandemia causó efectos psicológicos duraderos y en algunos casos,
irreversibles. (Abdiel et al., 2022)
De igual manera, el efecto social del confinamiento en la salud percibida está vinculado
al género, la edad, las responsabilidades de cuidado y las condiciones socioeconómicas, además
del desacuerdo con las medidas adoptadas para manejar la pandemia. (López-Contreras et al.,
2022)
Por esta razón al realizar este ensayo argumentativo tenemos como finalidad saber
cómo afectó la pandemia a las personas, así mismo de concientizar y normalizar la relevancia
de la salud mental en tiempos difíciles, los resultados de este estudio indican que, durante la
cuarentena, es posible identificar grupos con mayor vulnerabilidad psicológica basándose en
factores sociodemográficos y contextuales relacionados con la ocupación.
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DESARROLLO:
Durante la pandemia de COVID-19, los síntomas de ansiedad y depresión fueron los
más frecuentes y se manifestaron de diversas maneras en diferentes circunstancias sociales. Por
ejemplo, algunas personas experimentaron un aumento en la ansiedad debido al miedo a
contagiarse o perder a seres queridos, mientras que otras experimentaron depresión debido al
aislamiento social y la falta de contacto humano. Las circunstancias como la pérdida de empleo,
la inseguridad económica y el estrés relacionado con la adaptación a la vida en cuarentena
también contribuyeron a estos síntomas. (Leonangeli et al., 2022)
En el confinamiento se presentaron ámbitos afectados en diferentes grupos dentro de la
población, en el caso de los más pequeños no solo se reportaron bajos niveles de aprendizaje,
sino que la falta de escolarización durante el estado de emergencia supuso un impacto negativo
en la salud mental de la población infanto juvenil, también una falta de desarrollo en sus
habilidades sociales por la falta de interacción con sus iguales, estos factores hacen que sean
más susceptibles a los impactos negativos de la pandemia. (Gatell-Carbó et al., 2021)
En el caso de los adolescentes y jóvenes, muchos ya habían desarrollado sus habilidades
sociales, pero debido a la emergencia sanitaria hubo una interrupción en los estudios
universitarios e incluso un gran porcentaje no logró proseguir con sus estudios,
consecuentemente esto para algunos generó una dificultad para volver a socializar por la falta
de contacto con sus compañeros. Por otra parte, la autopercepción de la edad también se ha
visto afectada, muchos han manifestado que al pasar los tres años en pandemia no creen que el
tiempo haya transcurrido tanto y pareciera que ellos mantienen la edad desde inicio de la
pandemia, esto también tendría una relación con su autoestima sintiendo que su
comportamiento no sea apropiado para su edad y siendo rechazados por su ambiente. (Jiménez
et al., 2022)
Otro de los casos importantes presentados en época de pandemia fue que se observó en
muchas noticias en esos tiempos algunos casos donde los hombres externalizan su estrés con
actos de violencia, mientras que los adolescentes lo reprimen, lo cual perjudicó mucho más a
las víctimas de violencia familiar tanto psicológica como mental. (Gamero et al., 2022)
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El bienestar mental, emocional y físico de las personas mayores se vio también
comprometido durante el distanciamiento social obligatorio, ya que presentaron estrés,
angustia e incluso depresión esto hizo que se mostraran más vulnerables.
Los adultos y personas de la tercera edad han sentido la pandemia de una forma
diferente ya que, la soledad es un factor de riesgo para una mayor fragilidad y para desarrollar
enfermedades crónicas, lo que se asocia con mayor riesgo de mortalidad y depresión, también
ellos al tener una alta autopercepción negativa del envejecimiento perjudica a la salud
psicológica. (Losada-Baltar et al., 2020)
Como podemos observar todo esto opera como un evento estresante para la población,
pues se trata de una situación repentina que puso en peligro la integridad física y obligó
cambios en la forma de vivir. Así mismo, las repercusiones de la pandemia y las medidas de
emergencia adoptadas durante el confinamiento conllevaron una potente irrupción de cambios
a nivel personal, emociones, pensamientos y valores; a nivel grupal, relaciones interpersonales;
y a nivel social, organización social. (Ramírez et al., 2020)
Durante la época de pandemia, se identificaron diferentes factores que contribuyeron
significativamente al impacto mental en las personas:
Uno de los factores de riesgo fue el aislamiento. Aquellos pacientes que fueron aislados
en sus domicilios experimentaron niveles más altos de frustración e ira en comparación con
aquellos aislados en hoteles supervisados por profesionales de la salud. Además, las personas
que vivían solas durante el período de aislamiento reportaron un mayor nivel de psicoticismo
en comparación con aquellas que compartían su hogar con al menos dos personas. La alta
soledad y el alto riesgo de aislamiento social se asociaron con síntomas depresivos, lo que
contribuyó a una menor resiliencia en las personas mayores. Específicamente, los síntomas
depresivos y el aislamiento social fueron los principales indicadores de una baja resiliencia.
Contar con un buen soporte emocional y social ayuda en la adaptación y facilita la recuperación
después de un desastre natural o humano. Por el contrario, la falta de apoyo después de una
catástrofe se asocia con varios síntomas psicológicos, como depresión mayor y síndrome de
estrés postraumático. (Oppenheimer-Lewin et al., 2022)
Otro factor importante fue la incertidumbre. La falta de información clara y precisa
sobre el curso de la enfermedad y las expectativas de recuperación generó ansiedad y estrés
entre los pacientes. La incertidumbre acerca del futuro, tanto en términos de salud como de
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impacto económico, aumentó el malestar emocional. Se observó que aquellos que dedicaron
un menor tiempo al día para informarse sobre la enfermedad mostraban niveles más altos de
hostilidad y sensibilidad. En resumen, quienes dedican poco tiempo diario a informarse
presentaban mayor intensidad sintomática en hostilidad, depresión, ansiedad, somatización y
sensibilidad interpersonal. (Becerra-García et al., 2020)
Por último, la pérdida de seres queridos. El duelo por la pérdida de familiares y amigos
debido a la COVID-19 añade una carga adicional al impacto psicológico. La imposibilidad de
llevar a cabo los rituales tradicionales de despedida y la ausencia de apoyo social presencial
durante el duelo aumentan el riesgo de desarrollar trastornos depresivos y de ansiedad. Además,
se ha encontrado que tener un familiar o amigo fallecido por COVID-19 se asocia con el
desarrollo de síntomas depresivos. (Espinoza-Ascurra et al., 2024)
Estos factores, combinados con la situación de pandemia global, crearon un entorno
propicio para el deterioro de la salud mental de los pacientes aislados
Tras la pandemia de COVID-19 se mostró un notable aumento en la incidencia de
trastornos psiquiátricos entre niños y adolescentes, este incremento se atribuye a varios factores
de estrés, como el aislamiento social, las interrupciones en las rutinas diarias y la ansiedad
generalizada en torno a la pandemia. Algunos trastornos comunes que se presentaron fueron:
Ansiedad y depresión: Estos son los trastornos más prevalentes, especialmente entre
niños y adolescentes, mostrando un aumento significativo. Este aumento en los síntomas de
ansiedad y depresión se atribuye principalmente a la incertidumbre y el miedo relacionados
con el virus, así como a los largos periodos de aislamiento. Además, se observan problemas
como la pérdida de concentración, trastornos de ansiedad e insomnio, entre otros. Según se
reporta, se deben a la falta de contacto social, el temor al contagio, la falta de espacio y la
pérdida de seres queridos, así como por la ruptura abrupta de los hábitos y rutinas. (Tello &
Herrera, 2022)
Problemas de Comportamiento: La interrupción de las rutinas escolares y la falta de
interacciones sociales ha generado un aumento en los problemas de comportamiento, tales
como irritabilidad, agresividad y síntomas de trastorno por déficit de atención con
hiperactividad (TDAH). Por otra parte, dado que el confinamiento y el distanciamiento social
pueden incrementar los riesgos asociados con el TDAH. La pandemia por COVID-19 y el
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confinamiento son una adversidad psicosocial que atenta contra la estabilidad de la familia. Tal
estresor puede causar exacerbación de los síntomas de un trastorno mental previo. Los niños y
adolescentes con trastornos psiquiátricos son una población vulnerable que requiere de una
atención especializada. (Palacio-Ortiz et al., 2020)
Trastornos del Sueño: Los cambios en los horarios diarios y el aumento del tiempo
frente a pantallas han causado alteraciones en los patrones de sueño, contribuyendo al deterioro
general de la salud mental. Respecto a las rutinas de sueño, se observa que los niños han tendido
a acostarse en un horario más tarde que el habitual, encontrando un 34% y un 40,7%, que lo
hacía después de la medianoche. Es destacable el alto porcentaje de niños que se han acostado
más tarde de las 12 de la noche, lo que indica una desregulación en las rutinas habituales de
sueño. (De la Montaña Santos Carrasco et al., 2021)
Uno de los factores de riesgo que surgió es el estrés familiar: Las familias que enfrentan
dificultades financieras, preocupaciones de salud o la pérdida de seres queridos experimentan
tasas más altas de problemas psiquiátricos en sus niños. El estrés y los conflictos parentales
pueden agravar estos problemas de salud mental en los niños. Los hechos que estresan al núcleo
familiar tendrán un impacto en la salud mental de los niños. Además, las condiciones básicas
y tecnológicas en el hogar tienen un impacto directo en la calidad de vida de los niños. (Zapata-
Ospina et al., 2021)
CONCLUSIONES
El aumento de trastornos psiquiátricos en niños y adolescentes durante la pandemia de
COVID-19 tendrá consecuencias significativas a largo plazo, afectando su desarrollo
emocional, rendimiento académico y relaciones interpersonales. Estos problemas pueden
persistir en la adultez, aumentando la demanda de servicios de salud mental y generando altos
costos sociales y económicos. Sin embargo, la resiliencia de los jóvenes ofrece esperanza. Con
intervenciones tempranas, apoyo escolar y acceso a servicios de salud mental, es posible
mitigar estos impactos negativos. Invertir en programas preventivos y de apoyo es crucial para
el bienestar futuro de esta generación y la sociedad.
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Para mitigar los impactos negativos en la salud mental durante la pandemia, fue
fundamental implementar estrategias de afrontamiento efectivas. Establecer rutinas diarias,
fomentar la actividad física y garantizar el acceso a servicios de salud mental son pasos
importantes para ayudar a las personas a sobrellevar estos tiempos difíciles. Además, es crucial
brindar apoyo a las familias que enfrentan dificultades financieras o pérdidas, ya que el estrés
familiar puede agravar los problemas de salud mental en los niños. Al adoptar un enfoque
integral que aborde tanto las necesidades individuales como las estructurales, podemos trabajar
hacia la recuperación y el bienestar emocional en medio de la pandemia y más allá.
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REFERENCIAS
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