Inclusión socioeconómica y lucha contra la pobreza en el Perú, en la actualidad

La pandemia del COVID 2019 ha puesto de manifiesto profundas desigualdades sociales y deficiencias estructurales e institucionales que preexisten en el Perú, aumentando las disparidades en distintos grupos sociales. Si bien el gobierno de Martin Vizcarra implementó diversas medidas efectivas como bonos para cubrir las necesidades básicas y cumplió con la llegada de las vacunas, obteniendo resultados positivos, solo el 38% de sus promesas para enfrentar la emergencia sanitaria se cumplieron de forma parcial. Además, el escándalo “Vacunagate” que involucró al exmandatario Martin Vizcarra y otras autoridades, como las exministras Elizabeth Astete y Pilar Mazzetti, siendo destituidas por el congreso en noviembre de 2020 por supuesta "incapacidad moral” tuvo consecuencias políticas significativas en el gobierno peruano. En tan solo 5 años, el Perú pasó por cinco presidentes y es que esta crisis política demostró la inestabilidad gubernamental que enfrenta el país. Este contexto de inestabilidad ha tenido un gran impacto en la población.  En el 2023, Dina Boluarte se convirtió en la primera presidenta en la historia de Perú, llegando al poder tras la destitución de Pedro Castillo por un autogolpe fallido al que precedieron acusaciones de rebelión, conspiración y corrupción. Sin embargo, su gobierno demostró totalmente la incapacidad para gobernar a un país, la lista de promesas incumplidas, retrocesos, organizaciones criminales y los escándalos de corrupción han obstaculizado el desarrollo social y económico de la nación, a consecuencia de esto, se reflejó el incremento de la pobreza, alrededor de 3 millones 290 mil personas cayeron en situación de pobreza, elevando el porcentaje de 27.5% a 29.0% en el 2023, según INEI (2024).

La pandemia ha evidenciado la necesidad urgente de fortalecer las capacidades del Estado para responder de manera efectiva en momentos críticos, por ello, la importancia de persuadir a los gobernantes para que reduzcan la pobreza radica en el respeto hacia el país y en el enfoque a las políticas públicas que promuevan una vida digna y un desarrollo humano integral sin limitaciones. Al respecto, Rodríguez (2023) afirma que la implementación de programas de inclusión económica ayudará a mejorar el desarrollo del país, si se invierte en programas que buscan reducir la desigualdad, donde se brinden las herramientas y oportunidades económicas, esto no solo mejorará las condiciones de vida a algunos, sino que también a  aquellos que tradicionalmente han sido desvalorados. En este contexto, nuestra postura es en contra del papel ineficiente del Estado, la falta de eficacia y sus malas acciones de imponer obstáculos a la población han contribuido a la alta informalidad laboral, la desaceleración económica, la movilidad social y la provisión de servicios básicos como la educación y salud. Frente a esto, argumentamos que no habrá un modelo de desarrollo posible que funcione sin un estado que actúe de acuerdo con las necesidades del país. Por ello, el propósito de este ensayo es argumentar en contra del actuar del Estado con el fin de persuadir a los líderes políticos y empresariales sobre la necesidad urgente de invertir en programas de reducción y desarrollo económico centrado en la equidad y la oportunidad, los cuales son factores fundamentales que pueden ayudar a disminuir la pobreza en el país y las desigualdades sociales. A continuación, presentaré los argumentos que avalan nuestra postura.

Para empezar, Correa (2021) afirma que la pandemia del COVID 2019 ha puesto de manifiesto las desigualdades sociales y las deficiencias estructurales e institucionales que preexisten en el país, subrayando la urgencia de fortalecer la política social. Esto quiere decir que, la respuesta del Estado ante la crisis sanitaria en el país reflejó las deficiencias de las instituciones y su incapacidad de plantear soluciones efectivas ante una problemática, generando así profundas desigualdades incluso en el acceso a recursos básicos. Esto nos lleva a decir que, el Perú se encuentra en una encrucijada histórica, el impacto que generó la pandemia aumentó los niveles de pobreza, dejando a la vista una de las tantas problemáticas que sufre un país considerado como rico, pero donde las estadísticas de pobreza se disparan a lo largo de los años. Al respecto, valoramos la visión crítica que muestra la autora, donde expone la necesidad de fortalecer el modelo de desarrollo peruano, priorizando las políticas públicas y lo sociocultural, con el fin de promover la reducción efectiva de la pobreza en el país. No obstante, reconocemos las dificultades y los desafíos que implica replantear un modelo de desarrollo, pero también es de reconocer las consecuencias que generó la pandemia del COVID 19. Frente a esto, nos preguntamos lo siguiente: ¿El Estado peruano está capacitado para asegurar una vida digna a sus ciudadanos? ¿Es justo que, un país tan rico en recursos naturales tenga a políticos incapaces de ofrecer soluciones efectivas? Si bien es cierto que el Estado Peruano implementó diversas medidas para enfrentar la pandemia 19, demostró no estar completamente capacitado, sus soluciones no siempre fueron suficientes ni mucho menos equitativas. 

Por este motivo, consideramos que los gobernantes deben de tener la capacidad de ofrecer a la población las alternativas para asegurarles un desarrollo humano integral. Al respecto, Rodríguez (2023) manifiesta la necesidad de implementar programas de inclusión económica para mejorar el desarrollo del país. En el Perú al no haber empleos accesibles, se genera el incremento de trabajos informales, gracias a la mala inversión y a las muchas trabas que el propio estado genera. Por tal motivo, el autor hace énfasis en la importancia de las políticas activas de empleo como un pilar fundamental para esta problemática. Esto quiere decir que, el Estado debe desempeñar un mejor papel, invirtiendo en programas que buscan reducir la desigualdad, brindando las herramientas y oportunidades económicas para mejorar sus condiciones de vida a aquellos que tradicionalmente han sido desvalorados. Al respecto, una población con mayor capacidad adquisitiva y acceso a servicios financieros es más resiliente ante una crisis, por lo que consideramos que la postura de Rodríguez es acertada, al considerar que el desarrollo económico centrado en la equidad y la oportunidad son factores que pueden ayudar a disminuir la pobreza. Frente a esto, nos preguntamos: ¿Cómo puede el Estado ofrecer estos programas de inclusión económica a la población? ¿Qué debe de tenerse en cuenta para lograr el éxito de estos programas? Actualmente, el Perú cuenta con una gran población en situación de pobreza, especialmente en zonas rurales y urbanas marginadas, esto implica la necesidad de incluir programas a gran escala, pero también de una focalización precisa para llegar a quienes más lo necesitan, por lo que el Estado puede ofrecer los programas de inclusión económica a través de una combinación de políticas públicas que fomenten el empleo, programas de capacitación, alianzas con empresas para crear empleos y mecanismos para evaluar el impacto de estas acciones. Estas medidas contribuirían a fortalecer la resiliencia del país y a reducir las desigualdades sociales, sin embargo, es importante destacar que el éxito de estos programas depende de una visión a largo plazo, de una adecuada coordinación entre los diferentes actores y de una adaptación continua a las necesidades cambiantes de la población.

Por otro lado, según el INEI (2016) la pobreza también se ve afectada en el nivel educativo de la población, mientras que más de un tercio de los jóvenes no pobres lograron un nivel superior, el 6,4% de jóvenes pobres solamente lograron estudiar educación primaria o no asistieron. Esto quiere decir que, la educación sigue siendo un privilegio al que no todos tienen acceso, las personas que viven en condiciones de pobreza tienen un nivel educativo menor en comparación con aquellos que si tienen la posibilidad. Al respecto, valoramos los datos del INEI y reconocemos que la falta de acceso a recursos de calidad y oportunidades educativas no solo limita el potencial de desarrollo personal y profesional de estas personas, sino que también los perpetúa a la pobreza de por vida. Si bien el artículo 3 de la Ley General de Educación establece el derecho a una educación integral y de calidad para todos, la realidad lo contradice, los jóvenes de familias con mayores recursos suelen acceder a instituciones educativas privadas, donde reciben una educación superior más personalizada y con acceso a mejores recursos tecnológicos. Por el contrario, aquellos de contextos más vulnerables a menudo enfrentan aulas abarrotadas, falta de docentes calificados o incluso ven interrumpida su trayectoria educativa. Esta situación evidencia la necesidad urgente de garantizar que todos los estudiantes, independientemente de su origen socioeconómico, tengan acceso a una educación de calidad, gratuita y equitativa. Frente a esto, nos preguntamos lo siguiente: ¿Cuál sería el impacto en los estudiantes si es que los gobiernos a través de sus ministerios construyeran más escuelas en los lugares alejados? ¿Qué políticas públicas son necesarias para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad? ¿Qué papel juega el Estado y como puede garantizar una educación superior a los jóvenes? 

Por este motivo, consideramos que el Estado debe de comprometerse a garantizar estrategias de educación que promuevan la formación de jóvenes líderes capaces de involucrarse en el desarrollo del país. Al respecto, Benancio (2024) hace un llamado a la acción y plantea la necesidad de una reforma profunda en el sistema educativo peruano, con el objetivo de garantizar una educación de calidad para los estudiantes, sin importar su origen social o geográfico. Esto quiere decir que, para obtener mejoras en la educación se necesita de cambios radicales y significativos en todo el sistema educativo, la implementación de estas medidas da un paso significativo hacia la construcción de un país más justo y equitativo. Al respecto, el Estado debe garantizar una educación de calidad para todos, sin politizar, si se implementa la construcción de más escuelas en zonas alejadas tendría un impacto positivo en los estudiantes de estas áreas, la implementación de sistemas y programas permitirá expandir la cobertura educacional en áreas rurales y disminuir las tasas de repetición, así como aumentar el nivel de logro de los estudiantes, su creatividad, su autoestima y su comportamiento. Por ello, para cambiar esta situación es necesario un esfuerzo conjunto de todos los actores involucrados, el gobierno, la sociedad civil, el sector privado y las familias. Se debe de trabajar de manera coordinada con un enfoque integral, de esa manera podremos tener respuestas positivas en la educación de los estudiantes, incluso de los lugares más alejados. Frente a esto, nos preguntamos lo siguiente: ¿Cómo el Estado puede garantizar la efectividad de estos programas? ¿Cómo debe de ser el sistema educativo para lograr un impacto positivo? Sabemos que, mientras el Estado no accione eficazmente, no seremos un país competitivo, ni reconocido. Por ello, nuestro sistema educativo debe de ser integrador y eficaz, si el Estado pusiera a la educación como uno de los factores principales para salir de la pobreza, se invertiría en más becas educativas o se brindarían a quienes realmente lo necesitan, talleres de formación para docentes, construcción de escuelas y mejores estrategias para obtener estudiantes capacitados para el futuro. Un sistema educativo así, permitiría reducir las desigualdades y contribuir a la construcción de un país más desarrollado y equitativo.

Finalmente, Miranda (2016) establece una postura crítica y afirma que factores como la etnia y el género limitan las oportunidades de las personas. Asimismo, hace una relación directa entre la desigualdad, la pobreza y la movilidad social. Esto quiere decir que, la pobreza no solo se mide por la cantidad de dinero que una persona tiene, sino que también por factores sociales y culturales. Las personas, al percibir limitadas oportunidades para mejorar su situación económica y social, optan por migrar en busca de mejores condiciones de vida. Al respecto, estamos de acuerdo con esta afirmación, la falta de oportunidades y las barreras estructurales presentes en las comunidades más pobres limitan significativamente su movilidad social y eso se ha visto a lo largo de los años en ciertos grupos de la población, como los indígenas y los afrodescendientes, que históricamente siguen enfrentando mayores dificultades para acceder a oportunidades y salir de la pobreza. Por lo tanto, para abordar esta problemática, es fundamental entender su contexto histórico y las interrelaciones entre diferentes formas de discriminación. Si bien decimos que la participación comunitaria es un punto de partida para abordar las causas estructurales de la pobreza, hoy en día mientras el Estado llena sus bolsillos de millones, los pueblos tanto indígenas como étnicos son abandonados y discriminados por su propio país. Frente a esto nos preguntamos lo siguiente: ¿Cómo pueden las políticas públicas en Perú ser reformuladas o ampliadas para abordar de manera más efectiva las desigualdades estructurales e históricas? ¿Qué estrategias innovadoras se deben de implementar para aumentar la movilidad social y reducir la pobreza en las comunidades más vulnerables? 

Por este motivo, consideramos que las políticas públicas deben reformularse para enfrentar las desigualdades que atraviesa el Perú. Al respecto, Hernandez (2023) presenta estudios y propuestas de organismos internacionales y académicos que sugieren medidas como impuestos al patrimonio y una educación inclusiva para reducir la desigualdad, señalando que estas divisiones limitan el desarrollo democrático y la movilidad social en el país. Esto quiere decir que, se debe de implementar medidas como impuestos sobre el patrimonio y promover una educación inclusiva para facilitar la capacidad de las personas, es decir, permitir su capacidad para mejorar su situación económica y social.  A partir de esto, estamos de acuerdo con la postura de la autora, a través de sus investigaciones, ha evidenciado la profunda desigualdad que persiste en el Perú, producto del centralismo limeño y la histórica falta de políticas redistributivas. Al proponer medidas como impuestos al patrimonio y una educación inclusiva, se ofrece no solo una solución técnica, sino que también invita a la sociedad civil a participar activamente en la construcción de un mejor país. Estos cambios estructurales son urgentes, pues las desigualdades actuales limitan severamente el desarrollo democrático y la movilidad social, perjudicando especialmente a las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Frente a esto, nos preguntamos lo siguiente: ¿Qué medidas concretas se están implementando actualmente en el Perú para reducir la desigualdad, y son estas efectivas? ¿Cómo podría el país descentralizar mejor su estructura económica y política para fomentar un desarrollo más equitativo en las regiones fuera de Lima? ¿Qué impacto tendría la implementación de impuestos al patrimonio y una educación inclusiva en la reducción de las desigualdades existentes? Actualmente, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) se implementó para la reducción de la pobreza y la desigualdad, a través de programas de apoyo dirigidos a la población vulnerable. Sin embargo, la efectividad de estas medidas aún requiere de una evaluación más profunda y a largo plazo. Para lograr una mayor descentralización, se propone delegar competencias y recursos a los gobiernos regionales y locales, establecer mecanismos de coordinación y cooperación entre los diferentes niveles de gobierno, y fomentar la autonomía regional. La implementación de impuestos al patrimonio podría generar ingresos adicionales para financiar programas sociales y de desarrollo, contribuyendo así a reducir las desigualdades. Por otro lado, una educación inclusiva permitirá que todos los estudiantes, independientemente de su origen socioeconómico, tengan las mismas oportunidades de acceder a una educación de calidad. Esto contribuiría a cerrar la brecha educativa entre las regiones y a mejorar las perspectivas de movilidad social para los grupos más desfavorecidos.

En conclusión, la inestabilidad política que vive actualmente el país se ha convertido en un gran obstáculo para el desarrollo humano. El Estado no solo ha fracasado en garantizar los derechos fundamentales, sino que también ha sido partícipe de propuestas incumplidas y de rechazos hacia la sociedad. Hoy en día, el Perú es controlado por un gobierno que actúa por intereses particulares, minimizando los problemas más importantes que afronta el país. La falta de instituciones sólidas y los cambios constantes de gobernantes impactaron significativamente en los diferentes grupos sociales, las personas que viven en pobreza se ven enfrentadas a diario a limitaciones económicas, a la marginación y a la exclusión social. Las comunidades indígenas y afrodescendientes tienen menos posibilidad de ser escuchados por ser sinónimo de ignorancia y ser estigmatizados como menos capaces o merecedores, asimismo, una persona que no recibe una educación de calidad no puede tener las mismas oportunidades, ni puede exigir sus derechos, perpetuándose a la pobreza incluso de por vida. Frente a esto, la pobreza es uno de los mayores desafíos que enfrenta el Perú. Sin embargo, las acciones del Estado son insuficientes o están llenos de corrupción. Al respecto, Hernández (2023) plantea que la implementación de medidas como los impuestos al patrimonio y la educación inclusiva, impulsaría el crecimiento económico, la reducción de la desigualdad y fomentaría un desarrollo sostenible y equitativo, tal como lo sugieren las propuestas de organismos internacionales. Por esta razón, hacemos un llamado a la acción y persuadimos al Estado de actuar eficazmente con propuestas que muestren transparencia y políticas públicas que busquen respetar, proteger y hacer efectivos por igual los derechos humanos de las personas que viven en la pobreza. El Estado debe de garantizar el acceso universal a servicios básicos de calidad, promover la educación inclusiva y combatir la discriminación en todas sus formas. Asimismo, es fundamental que la sociedad exija y participe en la toma de decisiones, esta problemática no solo afecta a algunos, afecta a diferentes grupos sociales de manera distinta. Por ello, si queremos un cambio en el país, debemos de involucrarnos y tomar mejores decisiones ante los asuntos públicos. 

Autores:

ANDREA CRISTINA SARAVIA QUIROZ

JIMENA TAMARA PURIZACA ORMEÑO

LUCIANO STEFFANO VASQUEZ TORREALVA


Referencias

Benancio, G. (2024). La desigualdad educativa en las zonas rurales del Perú. Revista arbitrada de educación contemporánea, Vol. 1 (núm. 1), pp. 42 –50              https://revistas.peruvianscience.org/index.php/raec/article/view/98 

Correa, N. (2021). Protección Social y lucha contra la pobreza. Ed. Ráez, L. Proyecto Perú

        Debate 2021: propuestas hacia un mejor gobierno, (5-28). PUCP.

        https://cies.org.pe/wpcontent/uploads/2021/05/8._dp_proteccion_social_pobreza.pdf 

Hernandez, L. (2023). Igualdad de oportunidades en la justicia social de Nancy Fraser. [Tesis de bachiller inédita]. UNMSM.

            https://cybertesis.unmsm.edu.pe/backend/api/core/bitstreams/e7794819-011f-4ac2-a34effef610bd0e8/content

Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). (2016). Perfil de la pobreza 2016.

https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1425/cap04.pdf 

Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). (2024). Pobreza Monetaria afectó al 29,0% de la población el año 2023. Gob.pe. https://www.gob.pe/institucion/inei/noticias/951234-pobreza-monetaria-afecto-al-29-0de-la-poblacion-el-ano-2023

Miranda Valdivia, F. (2017). Desigualdad, pobreza y migración en las provincias de Lima y el impacto del centralismo. Investigaciones Sociales, 20(37), 131-147.

https://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/sociales/article/view/13432/1205

Rodríguez. C, (2023). Resurgir fortalecidos: Evaluación de pobreza y equidad en el Perú. Oficina de             Lima, Perú: Grupo Banco Mundial. 76(83).   

          https://documents1.worldbank.org/curated/en/099042523145515085/pdf/P176738041a16 

            e0100a70e0c7343035f58e.pdf?_gl=1*1503b47* _gcl au*MTgxNTUxNjM5MC4xNzI1O 

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