El destino en Edipo rey

Una de las figuras más importantes de la literatura griega es Sófocles. Este autor, nacido en Colona, actual Atenas, 496 a. C y fallecido en 406 a. C., destaca a lo largo de la historia como uno de los mayores poetas clásicos de la antigüedad. Asimismo, contribuyó al teatro de la época e introdujo elementos que vinieron a enriquecer y transformar el género. Una de las obras más importantes en las que se evidencia el género trágico es Edipo rey, puesta en escena aproximadamente en los años posteriores a 430 a. C. Esta obra es una tragedia griega que narra la historia del rey Edipo, quien, sin saberlo, cumple una profecía trágica. La obra sigue el proceso de descubrimiento de Edipo, que investiga la causa de sus pesares y termina descubriendo su propio origen y el cumplimiento de su destino, convirtiéndose en una representación de la lucha contra el destino y las consecuencias inevitables de los actos humanos. A lo largo de los años, esta obra ha despertado una multiplicidad de lecturas y relecturas entre los críticos. Según autores como Carlos (2012) esta obra trata de la conquista de la verdad -el conocimiento de sí mismo- a costa del propio sufrimiento, y en eso estriba la peripecia trágica de su protagonista, inocente y criminal. Sin embargo, consideramos que, en la obra, también se enfoca en el destino de los acontecimientos que condena y limita al personaje a la aceptación de lo inevitable y predestinado. Por ello, en la presente reseña, nos proponemos a hacer un análisis y reflexionar sobre la predestinación y el destino en la obra Edipo Rey, en los lectores. A continuación, presentaré los argumentos que sostienen mi postura.

En primer lugar, en el siguiente fragmento de Edipo rey de Sófocles, observamos cómo el autor retrata la intensidad del sufrimiento de Edipo al enfrentarse a su destino, y como el descubrimiento de su culpabilidad lo lleva a una crisis existencial.

EDIPO: Si alguna conexión hay entre Layo y este extranjero, ¿quién hay en este momento más infortunado que yo? ¿Qué hombre podría llegar a ser más odiado por los dioses, cuando no le es posible a ningún extranjero ni ciudadano recibirle en su casa ni dirigirle la palabra y hay que arrojarle de los hogares? Y nadie, sino yo, es quien ha lanzado sobre mí mismo tales maldiciones. Mancillo el lecho del muerto con mis manos, precisamente con las que le maté. ¿No soy yo, en verdad, un canalla? ¿No soy un completo impuro? Si debo salir desterrado, no me es posible en mi destierro ver a los míos ni pisar mi patria, a no ser que me vea forzado a unirme en matrimonio con mi madre y a matar a Pólibo, que me crió y engendró. ¿Acaso no sería cierto el razonamiento de quien lo juzgue como venido sobre mí de una cruel divinidad? ¡No, por cierto, oh sagrada majestad de los dioses, que no vea yo este día, sino que desaparezca de entre los mortales antes que ver que semejante deshonor impregnado de desgracia llega sobre mí!                                        

                                                                                                            (Sófocles, 2006, p.14)

En este fragmento podemos observar cómo Edipo no puede escapar de la culpa ni del dolor que lo consumen. Está atrapado en una realidad que no puede cambiar, un destino trágico que lo ha marcado para siempre. Se da cuenta de que no hay salida: si sigue viviendo, tendrá que enfrentar la verdad más horrible de todas. Y ante eso, prefiere desaparecer antes que soportar la vergüenza y la desgracia de sus propios actos y se pregunta quién es más desafortunado que él, culpándose por aquellas maldiciones, ya que mató a Layo y ahora se ve obligado a vivir en el destierro, y por ello solo reza a los dioses para que no tenga que vivir con esta desgracia. A partir del fragmento leído, se puede apreciar cómo el autor muestra de manera magistral la tragedia del destino inevitable. Dado que se muestra a un Edipo que logra transmitir una desesperación que sufre no solo por lo que ha hecho, sino por la ignorancia de sus acciones. Esto refleja una visión pesimista sobre el destino humano, donde el libre albedrío parece inútil frente a los designios divinos. Al respecto y relacionándolo con nuestro país consideramos que la tragedia de Edipo refleja de alguna manera los esfuerzos de los ciudadanos por construir un futuro mejor, pero que en ocasiones se ven frustrados por la repetición de errores del pasado, como si se tratara de un destino colectivo. Al representarla en una obra literaria, es inevitable que surjan profundas cuestiones sobre el tema del destino, la culpabilidad, y por ende hacemos una interpretación con nuestra sociedad, quién a veces tiende a asignar culpas, pero ¿es justo hacerlo cuando las personas actúan sin conocimiento completo de las consecuencias? ¿Hasta qué punto nuestras vidas están influenciadas por factores predestinados o fuera de nuestro control, como la familia, el contexto social o las creencias culturales? Dicho fragmento nos invita a reflexionar sobre cómo juzgamos a los demás y a nosotros mismos, y si realmente podemos ser responsables por todo lo que nos sucede en la vida. Pues a menudo nos culpamos por decisiones o consecuencias que quizás no estaban enteramente bajo nuestro control, lo que lleva a una lucha constante entre aceptar el destino o resistirlo. Esto nos lleva a cuestionar la naturaleza de la responsabilidad cuando las acciones parecen ser dictadas por fuerzas más allá del control humano.

Al respecto autores como Battistoni (2022) afirman que “El destino parece aniquilar la idea de libertad y los conceptos conexos de imputación y castigo. (..) ¿por qué debemos actuar según la ley moral si todo en el mundo depende del destino y no de los individuos?” (p. 6). Frente a esto, el autor plantea una reflexión profunda sobre la tensión entre la teoría del destino en la antigüedad y la libertad humana, especialmente en relación con la moralidad. Según Gros, la idea de un destino ineludible, que domina el curso de los eventos y controla el albedrío humano, socava la noción de libertad, es decir, la capacidad de los individuos de actuar de forma autónoma y consciente. Por ello, estamos de acuerdo con el autor, quien presenta una crítica aguda y necesaria a la teoría del destino, porque destaca implicaciones para la libertad humana y la moralidad. Puesto que se aniquila la idea de libertad la cual merece atención, ya que la libertad es fundamental para la dignidad humana y para la responsabilidad ética. Si las acciones de los individuos están completamente determinadas por un destino ciego, ya que se vuelven en prisioneros de fuerzas grandes, como el destino. Este análisis nos parece interesante porque abarca no solo las características del protagonista. A partir de lo analizado, nos preguntamos lo siguiente: ¿Es posible mantener la responsabilidad moral y la ética en un mundo donde las circunstancias y el destino parecen dictar nuestras acciones? ¿Cómo puedo reconciliar la idea de libertad con las limitaciones impuestas por el contexto? Creemos que, aunque el destino y las circunstancias juegan un papel importante en nuestras vidas, todavía es posible mantener una ética y responsabilidad moral, siempre que reconozcamos la complejidad de las situaciones que enfrentamos y la capacidad que tenemos para elegir, a pesar de las limitaciones.

En segundo lugar, en el siguiente fragmento de Edipo Rey de Sófocles, se centra en cómo Edipo había estado atormentado por el miedo a cumplir la profecía de matar a su padre, entre ellos se muestra la tensión entre el conocimiento y la ignorancia, revelando cómo las creencias en oráculos y destinos predeterminados influyen en las acciones de Edipo.

MENSAJERO. - Si es preciso que yo te lo anuncie claramente en primer lugar, entérate bien de que aquél ha muerto.

EDIPO. - ¿Acaso por una emboscada, o como resultado de una enfermedad?

MENSAJERO. - Un pequeño quebranto rinde a los cuerpos ancianos.

EDIPO. - A causa de una enfermedad murió el desdichado, a lo que parece.

MENSAJERO. - Y por haber vivido largos años.

EDIPO. - ¡Ah, ah! ¿Por qué, oh mujer, habría uno de tener en cuenta el altar vaticinador de Pitón o los pájaros que claman en el cielo, según cuyos indicios tenía yo que dar muerte a mi propio padre? Pero él, habiendo muerto, está oculto bajo tierra y yo estoy aquí, sin haberle tocado con arma alguna, a no ser que se haya consumido por nostalgia de mí. De esta manera habría muerto por mi intervención. En cualquier caso, Pólibo yace en el Hades y se ha llevado consigo los oráculos presentes, que no tienen ya ningún valor.

YOCASTA. - ¿No te lo decía yo desde antes?

EDIPO. - Lo decías, pero yo me dejaba guiar por el miedo.

YOCASTA. - Ahora no tomes en consideración ya ninguno de ellos.

EDIPO. - ¿Y cómo no voy a temer al lecho de mi madre?

(Sófocles, 2006, p.16)                         Podemos observar cómo Edipo esta recibiendo la noticia de la muerte de su supuesto padre, Pólibo, y comienza a cuestionar si los oráculos dicen la verdad, que él mataría a su padre y se casaría con su madre. Sin embargo, aún mantiene el miedo a la segunda parte de la profecía: casarse con su madre. Y el Mensajero explica que Pólibo ha muerto de viejo, lo que lleva a Edipo a cuestionar la validez de los oráculos y las predicciones del destino. A partir del fragmento leído podemos entender cómo el autor nos presenta perfectamente la ironía trágica, donde hay un intento de reforzar la idea de la intervención divina, mostrando un conflicto entre el libre albedrío, el destino y la verdad. Al respecto y relacionándolo con nuestro país podemos decir que la dependencia en fuerzas externas en lugar de confiar en el razonamiento humano es un problema que presenciamos en la política actual, cuando líderes o gobiernos permiten que supersticiones o creencias no racionales afecten sus decisiones. Al representarla en una obra literaria nos cuestionamos lo siguiente, si ¿Somos realmente libres de tomar nuestras decisiones, o hay fuerzas más allá de nuestro control que determinan nuestra vida? ¿Qué sucede cuando nos enfrentamos a una verdad dolorosa que contradice nuestras creencias? Esto nos permite reflexionar acerca de las fuerzas que controlan nuestras vidas, ya sea el destino, los dioses o nuestras propias decisiones, y nos recuerda que la verdad, aunque sea difícil de aceptar, es inevitable. Esto nos invita a cuestionarnos, en nuestra vida diaria, hasta qué punto controlamos nuestro destino y cómo enfrentamos lo que no podemos prever o comprender.

Al respecto, autores como Marrades (2021) afirman que “Los dioses poseen la verdad y no necesitan buscarla; las bestias simplemente la ignoran. (…) Pero ese destino a la verdad pase lo que pase, será también la fuente de su desgracia” (p. 36). Frente a esto, el autor destaca la búsqueda de la verdad como una característica esencial del ser humano, diferenciándolo de los dioses, que ya la poseen, y de los animales, que la ignoran. Edipo, al buscar la verdad, representa la grandeza humana, pero esa misma búsqueda lo condena a la desgracia, mostrando que la verdad puede ser tanto una virtud como una fuente de sufrimiento. Por ello, estamos de acuerdo con el autor, porque refleja una verdad fundamental sobre la condición humana, y la búsqueda de la verdad tiene un costo, pero creemos que, en muchos casos, ese costo puede valer la pena frente a los beneficios de una vida basada en la autenticidad y el conocimiento. A partir de lo analizado, profundizamos y nos cuestionamos si, ¿Es la búsqueda de la verdad siempre un camino deseable, aunque implique sufrimiento? ¿Es posible que el conocimiento de la verdad lleve a una mayor libertad o felicidad, en lugar de desgracia? El valor de la verdad depende del contexto y de la capacidad del ser humano para soportarla, por ejemplo, hay situaciones en las que el costo personal puede ser tan alto que la ignorancia no es necesariamente algo despreciable. Asimismo, podemos reflexionar y ver la verdad como una herramienta para la emancipación personal y una vida más auténtica.

En tercer lugar, en el siguiente fragmento de Edipo rey de Sófocles, vemos como el autor explora las consecuencias de las acciones y decisiones de los personajes frente al destino inexorable

CREONTE. - No he venido a burlarme, Edipo, ni a echarte en cara ninguno de los ultrajes de antes. (Dirigiéndose al Coro.) Pero si no sentís respeto ya por la descendencia de los mortales, sentidlo, al menos, por el resplandor del soberano Helios que todo lo nutre y no mostréis así descubierta una mancilla tal, que ni la tierra ni la sagrada lluvia ni la luz acogerán. Antes bien, tan pronto como sea posible, metedle en casa; porque lo más piadoso es que las deshonras familiares sólo las vean y escuchen los que forman la familia.

EDIPO. - ¡Por los dioses!, ya que me has liberado de mi presentimiento al haber llegado con el mejor ánimo junto a mí, que soy el peor de los hombres, óyeme, pues a ti te interesa, que no a mí, lo que voy a decir.

CREONTE. - ¿Y qué necesitas obtener para suplicármelo así?

 EDIPO. - Arrójame enseguida de esta tierra, donde no pueda ser abordado por ninguno de los mortales.

CREONTE. - Hubiera hecho esto, sábelo bien, si no deseara, lo primero de todo, aprender del dios qué hay que hacer.

EDIPO. - Pero la respuesta de aquél quedó bien evidente: que yo perezca, el parricida, el impío.

(Sófocles, 2006, p. 24)                         Podemos observar cómo, la desesperación y el sentido de culpa de Edipo se intensifican a medida que se enfrenta a su trágica realidad. La llegada de Creonte, que intenta moderar la situación y proteger la dignidad del rey, contrasta con la angustia de Edipo. Este último, consumido por la culpa, no encuentra consuelo ni esperanza en su situación, evidenciando el conflicto entre el deber familiar y el castigo divino que pesa sobre él. A partir del fragmento leído, se puede interpretar que la frase “que yo perezca, el parricida, el impío” encapsula la desesperación de Edipo y su reconocimiento de que su vida está marcada por la culpa y el sufrimiento, representando así la lucha entre la identidad personal y las consecuencias de un destino ineludible. Al respecto y relacionándolo con nuestro país, se pueden vincular con la política en términos de cómo los líderes y ciudadanos manejan situaciones que parecen inevitables, como crisis económicas, corrupción o desigualdades sociales. Las acciones individuales pueden, sin duda, influir en estas circunstancias, pero hay fuerzas estructurales tan poderosas que, al igual que el destino en la tragedia griega, parecen ineludibles. Al representarla en una obra literaria, nos cuestionamos lo siguiente frente a lo que nos sugiere el tema: la inevitabilidad del destino, si ¿el verdadero heroísmo radica en la lucha contra el destino o en la aceptación de lo inevitable? ¿De qué manera las acciones individuales pueden influir en las circunstancias que parecen fuera de control? En un mundo donde los individuos a menudo luchan contra circunstancias y destinos que parecen estar fuera de su control. La historia de Edipo nos enseña que, aunque nuestras acciones pueden tener consecuencias significativas, hay momentos en los que las fuerzas del destino son tan poderosas que no podemos evitar su impacto.

Al respecto, autores como Domínguez (2015) afirman que “el destino (…) constituye no tanto lo que le sucede a una persona, sino cómo ésta se encuentre existiendo en lo que le acontece; el destino, desde nuestra perspectiva, queda vinculado de esta forma, indisolublemente con la consciencia” (p.11). Frente a esto, el autor nos plantea una visión del destino que se aleja de las ideas tradicionales de fatalidad o predestinación, y lo redefine en dos sentidos clave. Por un lado, se refiere a la culminación de la vida de una persona, es decir, la resolución de su trayectoria vital. Pero, por otro lado, el destino no es simplemente lo que le sucede a una persona, sino cómo esa persona experimenta, interpreta y se encuentra existiendo en medio de lo que le sucede. Por ello, estamos de acuerdo con la interpretación del autor. Nos parece que esta visión Del destino es más flexible y personal que la concepción tradicional de fatalismo porque se enfoca en la consciencia individual. Al entender el destino como algo que no se define por lo que simplemente le ocurre a una persona, sino por cómo esa persona experimenta y se relaciona con esos eventos, se subraya la importancia del libre albedrío y la capacidad humana de dar significado a lo que ocurre. A partir de lo analizado, nos cuestionamos lo siguiente: ¿Hasta qué punto la consciencia tiene el poder de alterar el destino de una persona? ¿Cómo afecta esta concepción del destino la responsabilidad personal ante lo que ocurre en la vida? Al reflexionar somos consientes que hay una conexión profunda entre el destino y la consciencia, lo que implica una mayor responsabilidad individual en cómo se vive lo que sucede. Si el destino está determinado no solo por lo que ocurre, sino por cómo se experimenta y se está en relación con los hechos, entonces las personas parecen tener una mayor responsabilidad en cómo moldean su vida. Este pensamiento desafía la idea de que somos simplemente víctimas de fuerzas externas.

            En conclusión, la obra Edipo rey de Sófocles nos muestra el destino trágico del protagonista, una representación de la imposibilidad de escapar de las fuerzas predestinadas que gobiernan la vida humana. En primer lugar, se analiza el sufrimiento profundo de Edipo, quien, al descubrir su culpabilidad, se da cuenta de que no puede huir de las maldiciones que él mismo ha lanzado y de las consecuencias de su ignorancia. Luego, podemos apreciar como se refleja la ironía trágica, intentando evitar el destino, y termina enfrentando una verdad que, paradójicamente, busca y teme a la vez. Finalmente, se puede apreciar la lucha contra el destino, y cómo las acciones personales pueden influir en circunstancias que parecen fuera de control. Frente a esto, cabe resaltar que el destino es ineludible y la tragedia de cada uno esta predestinado a cumplirse, por lo tanto, solo estamos limitados a la aceptación. Al respecto, Godoy (2016) comenta que lo que está en juego en la tragedia es la relación del hombre con su destino, determinado por los dioses (religión). Finalmente, recomendamos leer la obra Edipo rey porque te permite hacer una reflexión profunda: aunque el destino y las circunstancias puedan parecer dominantes, la ética y la responsabilidad moral pueden subsistir si aceptamos la complejidad de nuestras vidas y la capacidad de decidir dentro de ciertos límites. La historia no solo nos muestra el peso del destino, sino también la importancia de reconocer nuestra responsabilidad en las decisiones, aunque estas se den en contextos complejos y a veces inevitables.


Autores:
ANAHIT ARACELLY VARGAS MONTES
ANGGIE STEFANY SANDOVAL SANTAMARIA
FIORELA LISET DIAZ GOICOCHEA

Referencias

Battistoni, G. (2022). Sobre la comprensión de la dialéctica entre imputación, destino y castigo en la historia de Edipo de K. H. Gros a Hegel. Studia Hegeliana. 8(20), 191-210.

https://hdl.handle.net/11562/1071666

Carlos, G. G. (2012). Edipo, el hijo de la Esfinge. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcwm202

Domínguez, L. A (2015). Resumen de tesis. Una teoría del personaje: carácter y destino en las

Heroínas de Perez Galdós y en la Regenta de Clarín. Universidad Salamanca, 11-202. http://hdl.handle.net/10366/133115.

Godoy C, I. (2016). La verdad como aletheia, un trágico asunto en Edipo rey de Sófocles. Alpha

(Osorno), (42), 163-176. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012016000100011

Marrades, M. J. (2021). Racionalismo y visión trágica en el Edipo rey de Sófocles. Sociedad

Española de Estudios Clásicos, 25-46. 10.48232/eclas.159.02.

Sófocles. (2006) Edipo rey. Editorial del Cardo. https://biblioteca.org.