La Naranja Mecánica: Cuando Perder la Libertad Significa Perder la Humanidad
La complejidad de la naturaleza humana y el balance entre la libertad individual y el control social, estos temas son traídos a la gran pantalla en la conocida película La Naranja Mecánica del director Stanley Kubrick, basada en la novela homónima de Anthony Burgess. En esta obra cinematográfica se explora a profundidad la esencia del libre albedrío y la moralidad. Kubrick aborda esta temática a través de la vida y voz de Alex Delarge, el protagonista. La película se embarca en un viaje que narra la ultraviolencia que vive Alex, así como su encarcelamiento y posterior "rehabilitación” forzada. En los siguientes párrafos, vamos a analizar cómo en La Naranja Mecánica se nos plantea las consecuencias al privar a los individuos de su capacidad de escoger entre el bien y el mal. Al indagar aún más en la privación de esta libertad, se invita a los espectadores a reflexionar sobre la importancia de preservar la autonomía personal.
Entre las diferentes escenas que se pueden vislumbrar en el largometraje, existe una que resalta el conflicto central de la película. Se presenta a un Alex durante su estadía en la prisión, quien ansioso por recuperar su libertad escucha sobre un tratamiento experimental llamado La técnica Ludovico, Alex le pregunta al sacerdote de la prisión sobre ello y este le explica que es algo que está en proceso y que tiene dudas sobre los peligros que puede traer, aun así, Alex expresa su deseo de someterse al tratamiento. En esta escena se pone en tela de juicio la moralidad y ética detrás del procedimiento cuando el sacerdote menciona lo siguiente: “Esta técnica… ¿realmente hace bueno a un hombre? La bondad viene de adentro, la bondad se escoge. Cuando un hombre no puede escoger, deja de ser hombre”. (59:00) La conversación entre Alex y el sacerdote destaca la preocupación sobre si el tratamiento realmente transforma a los individuos en seres moralmente buenos o simplemente los convierte en marionetas sin voluntad propia. El sacerdote argumenta que la bondad genuina surge de la capacidad de hacer elecciones morales conscientes, y cuando esta capacidad es suprimida, el individuo deja de ser verdaderamente humano. Esta escena habla de la naturaleza de la moralidad y el papel del libre albedrío en la formación de la identidad humana, sugiriendo que la verdadera bondad debe surgir de dentro de cada individuo y no ser impuesta desde el exterior mediante coacción o condicionamiento. El libre albedrío cumple un papel relevante a la hora de formar nuestra identidad moral. Nuestras acciones y decisiones se derivan de una variedad de factores, lo que nos lleva a cuestionar si realmente son el resultado de una elección libre o si más bien están sujetas a fuerzas superiores. Esta disyuntiva entre voluntad y determinismo tiene implicaciones profundas para entender si nuestras conductas son genuinamente voluntarias o, por el contrario, una ilusión de libertad. Este dilema nos enfrenta a preguntas profundas acerca de la naturaleza de nuestra moralidad. ¿Somos realmente libres de elegir, o nuestras decisiones están predeterminadas por factores fuera de nuestro control? Nosotros creemos firmemente en el libre albedrío, en la capacidad que tenemos de tomar decisiones y realizar diversas acciones. No obstante, esta libertad debe ir de la mano de la responsabilidad. Nuestras elecciones conllevan consecuencias, y es nuestro deber asumir el peso de esas decisiones, pues fueron tomadas de forma voluntaria y consciente mediante el ejercicio de nuestro libre albedrío.
Hasta este punto se entiende que, el libre albedrío está ligado a nuestra capacidad de elección, sea ésta correcta o equivocada, pues es inherente a nuestra naturaleza de humano. Por eso, en relación al filme, Jesús M. Palacios, profesor especializado en psicología experimental, comenta (1977):
El caso de Alex es en este sentido aleccionador. Como se ve por el film, su problema no queda resuelto de una manera satisfactoria ni para él ni para los demás. Alex no es una persona libre en la elección de las pruebas experimentales. Las acepta porque no tiene otra solución si quiere salir de la cárcel. No es libre a lo largo del proceso experimental porque no actúa con libertad; es simplemente manipulado, horriblemente manipulado, a nivel estrictamente fisiológico. No es una persona porque el cambio de su comportamiento no ha sido originado de una escala de valores, sino de los estratos más institucionales y reflejos de la personalidad. (p. 143)
Palacios explica la falta de libertad que se muestra durante la segunda mitad de la película hacia el personaje de Alex. La elección que realiza Alex para ser el conejillo de indias ni siquiera es algo que él haya decidido por gusto, viene derivado del deseo de escapar de la cárcel, lo que lo lleva a seguir deshumanizándose durante todo el proceso experimental siendo manipulado a nivel fisiológico. El posterior cambio de su comportamiento es sólo resultado del condicionamiento y no una escala de valores hecha por el individuo. Además, Palacios propone que una libertad interior sólo se alcanza progresivamente sin necesidad de mecanismos que la fuercen, con la tendencia de superarse y encontrar uno mismo su propio camino. Viéndolo desde cierta perspectiva, ¿Cómo nos afectaría el hecho de ser controlados y condicionados por un "bien mayor" mientras, a su vez, nos encontramos en la búsqueda de autonomía y autenticidad? Se plantea esto al analizar al personaje de Alex, alguien que está siendo influenciado por varios factores internos y externos, que incluyen el deseo de libertad, las presiones sociales y personales, así como las manipulaciones fisiológicas a las que está siendo sometido. Regresando a la pregunta, los resultados serían catastróficos, el humano no puede ser privado de aquello que le da sentido a su ser, debe vivir y equivocarse, discernir en el proceso y explorar su voluntad, no transformarse en algo sin alma.
Tanto la película, como el análisis, ambos llevan a la conclusión determinante que la libertad interior está presente y no debe ser suprimida, nuestras decisiones y acciones deben seguir nuestro criterio, que se nos dé independencia, vivir según nuestra voluntad, como Alex hacía antes de ser rehabilitado. Vivir a pesar de lo desagradables que puedan ser estas mismas acciones. Esto se explica en el comentario de Farid Dieck, psicólogo con maestría en clínica psicoanalítica (2023):
Durante la película hay una intersección grotesca entre la violencia y el arte (...). Somos, en definitiva, seres de elección por ello cuando a Alex se le obliga a rechazar su capacidad para la violencia, también pierde su capacidad para apreciar a Beethoven, este hecho apunta simbólicamente hacia una pérdida más profunda, la pérdida de su humanidad. Al quitar la capacidad de elegir incluso con la intención de erradicar el mal, también se pierde la capacidad de elegir el bien, no hay belleza sin fealdad, no hay bien sin la posibilidad del mal. (14:03).
Con esta reseña, Dieck destaca la dualidad de la naturaleza humana reflejada en la metáfora que plantea la película al combinar la violencia con la música. Esto nos hace más conscientes de la complejidad del ser humano y la capacidad que tiene para coexistir entre belleza y fealdad. Un tema que también trata Dieck es la capacidad de elección pues esto nos define como humanos, es parte de nosotros, cuando eso se nos es arrebatado nuestra capacidad para apreciar tanto belleza como violencia se ven afectadas. La supresión del libre albedrío, sobre todo en la película, no sólo priva al individuo de su facultad para hacer el mal, sino que lo priva de igual manera a hacer el bien y, por consiguiente, pierde su humanidad. La relación entre belleza y fealdad, bien y mal, son parte de la vida, de nuestra identidad y nuestra participación en ese conjunto nos define. Dicho eso, la violencia y los límites morales de Alex son muy destacables, con el experimento se quería lograr transformarlo a que haga el bien; sin embargo, pierde todo ápice de humanidad. Las acciones violentas y el sufrimiento infligido por Alex a las personas, si bien son extremas y reprochables, también reflejan una faceta perturbadora de la condición humana. Utilizar la violencia como medio de expresión, convirtiendo el cuerpo de las víctimas en lienzo y los traumas en una suerte de pintura, es una manifestación retorcida y condenable de esa libertad de expresión que todos tenemos. Si bien todos merecemos la libertad de mostrarnos tal como somos, incluso en nuestros aspectos más sombríos, eso no justifica de ninguna manera actos criminales y dañinos hacia otros. Es necesario encontrar un equilibrio entre nuestra libertad y el respeto hacia la dignidad de los demás.
En definitiva, La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick es una obra maestra cinematográfica que trasciende su trama distópica y violenta para plantear profundas reflexiones sobre la naturaleza del libre albedrío y su importancia fundamental en la esencia misma de la condición humana. A través de la trayectoria del perturbador pero cautivador protagonista, Alex DeLarge, la película nos confronta con interrogantes éticas y morales que desafían nuestras concepciones preconcebidas. ¿Es aceptable reformar a un individuo a través de métodos coercitivos que anulan su capacidad de elección? ¿Acaso la verdadera bondad puede surgir de la supresión del libre albedrío? Kubrick nos invita a cuestionar estas premisas y a reflexionar sobre las implicaciones profundas de privar a un ser humano de su libertad interior, enfatizando que, la autonomía personal es un derecho inalienable que define nuestra humanidad. En última instancia, La Naranja Mecánica, trasciende su narrativa para convertirse en un poderoso argumento en defensa del libre albedrío, recordándonos que somos seres complejos capaces tanto de actos atroces, como de acciones extraordinarias, y que es precisamente esa capacidad de elección la que nos define como individuos y nos permite navegar por los matices de la existencia humana.
Referencias:
Dieck, F. (2023). LA NARANJA MECÁNICA | El reflejo OSCURO de la SOCIEDAD | Relato y Reflexiones. https://youtu.be/tZ7BRvoT_Ro?si=wwC-VkxziG59IQ2s
Kubrick, S. (Dirección). (1971). The Clockwork Orange [La Naranja Mecánica][Película]. Warner Bros. ; Hawk Films. https://archive.org/details/la-naranja-mecanica.-latino
Palacios, J. M. (1977). "La naranja mecánica" o la despersonalización del ser humano. Proyección: Teología y mundo actual, (105), 141-144.