RETAMOZO GUTIERREZ YUL ALEXANDER - Una mirada a la violencia hacia la mujer en la obra Montacerdos

 

Kaplan (2007) citado por Salazar (2021) respecto a la descripción sobre la violencia a la mujer en Montacerdos, nos brinda un ejemplo de cómo los vecinos están indecisos para darle un trabajo a Mamá Griselda en el centro comunitario por lo que está, debe dedicarse a la prostitución, su única salida porque está en condiciones de pobreza. La narradora, Maruja quien es la hija, lo describe así: “Desde entonces mamá regresaba a veces apestando a licor y vómito. Y una mañana observé marcas de mordedura en su mejilla y cuello. Y una noche un borracho tiró una piedra a la choza y se marchó diciendo: ¡adiós, culito de ángel, culito de licuadora, culito de picaflor!”

Para Keplan (2007) citado por Salazar (2021) la violencia en contra de la mujer representa el momento el comienzo del control y dominación masculina que hace posible la existencia de una civilización. La mujer simboliza un beneficio para esta civilización, pero únicamente después de ser sometida al hombre. Este mito plantea la violencia en contra de las mujeres como un orden social, ya que encarna la fundación de la sociedad. Por su parte, Motta (2019) citado por Salazar (2021) se refiere a la cultura de la violación en la sociedad peruana, en la cual este tipo de violencia es endémica y se entrelaza con los factores de clase social y raza: “Mujeres de sectores económicamente desfavorecidos e indígenas se perciben como de más fácil acceso sexual no consentido”

Para Salazar (2021) Asociada a esta condición por su género, Está no cuenta con dinero para curar la herida de Yococo. Los conocimientos de Mamá Griselda son limitados, por lo que solo puede atender a su hijo con su propia orina, algunas hierbas y restos de medicinas que encuentra en los basureros. La utilización de su cuerpo como herramienta de trabajo se combina con su incapacidad de curar a su hijo. La narradora relata la desesperación de su madre: “Mamá Griselda lloraba al ver a su hijo cada vez más consumido por las fiebres y más hinchado por las llagas, abatido y muriéndose de pie: que no se muera mi niño”. Dioooooos sálvaloooo. Y luego lloraba con desesperación gritando y aullando, haciendo que quienes la escuchaban también pensaran que era una bruja.” Esta aparición de la figura de la bruja en la novela se relaciona con la imagen de una mujer extraña, pero sin mayor poder, en contraste con la imagen histórica de las brujas como lo ha desarrollado Federici (2010) citado por Salazar (2021). Mamá Griselda tiene conocimientos muy básicos, lo que la hace un blanco fácil frente a las violencias de género.

 

 

 

Salazar (2021) respecto a la representación de violencia psicológica y sexual hacia la mujer en la obra “Montacerdos” nos brinda un ejemplo de cómo en ese ambiente asfixiante, donde no solamente Yococo, sino también Maruja son víctima de la violencia y el acoso de los hombrecitos, Mamá Griselda es violada por Eustaquio, esposo de doña Juana, su anfitriona. El acto es visto y narrado por su hija: “Llegó don Eustaquio. Ese día no trabajaba. Observe cómo mamá se defendía a puñetes. Don Eustaquio le levantaba la falda a la fuerza, la alzaba y la llevaba hacia la cama. Creí que iban a matarla y lloré fuerte. Pero mamá me dijo que me callara, que don Eustaquio era bueno y para demostrarlo le besó la mejilla. Los dos me dijeron que me fuera a ver las palomas, que les diera maicito”.

 Además de la violencia del acto en sí, impacta que sea la hija quien narre el suceso. También la aparente complicidad de Griselda y Eustaquio, acaso una señal del sometimiento de Griselda quien ofrece su cuerpo a cambio del alojamiento que estaba recibiendo. Esta escena muestra de manera cruda el modo en que la violencia patriarcal funciona de manera sistémica, enraizada en las relaciones entre los géneros, donde las mujeres son forzadas por los hombres, consideradas inferiores a ellos (Segato, 2003).

La descripción de esta escena de violación evidencia la intersección entre género, clase y raza. De forma simultánea, al estar la narración elaborada desde el punto de vista de una niña, surge una confusión entre lo que se ve y lo que le provoca esta escena. Expresiones como “defendía a puñetes”, “iba a matarla”, sugieren que ella percibe la escena como un ataque. Sin embargo, más adelante, en el extenso párrafo en el que la niña se va yendo a instancia de Eustaquio y su madre para “darle maicito a las palomas”, la violencia da paso a un problemático exabrupto de deseo. “Antes observé cómo Eustaquio, furioso como un toro, se abalanzaba sobre ella, aplastándola, y cómo ambos temblaban mientras lo hacían, como cuyes uno sobre otro”. Parecía tan rico. Imaginé estar en el lugar de mamá” (Salazar, 2021).

Según el autor antes mencionado de una narración que parecía juzgar la violencia contra su madre, la perspectiva de Maruja pasa a hacer una analogía con los animales y desprender el placer. Además, al imaginar el placer y considerar tomar el lugar de su madre durante la violación se crea una narrativa que perpetúa la violencia sistémica. Ahí donde el texto pudo plantear una contra pedagogía de la crueldad, descarta esa posibilidad y refuerza la subalternidad y victimización de la mujer. Luego seguirá con una reprimenda hacia Mamá Griselda, ya que quedará embarazada de Eustaquio, lo que provocará las sospechas de su esposa, doña Juana.

 

Giorgi (2014) citado por Salazar (2021) respecto a la forma en la que Maruja asocia una vida mejor nos brinda un ejemplo en la que una de las vecinas, Doña Juana, la presidenta del club de madres, se apiada de la familia y les ofrece un lugar para vivir de su propia casa de adobe. “Para mí, era como descubrir un palacio. Y llegamos al final, bajo el techo de tablas de aserrín. Junto a las palomas que para mí eran mágicas y parecían flotar. Las palomas se convirtieron en mis vecinas. No sé si me querían, pero yo sí. Mamá dijo que las palomas un día me llevarían arriba a sus otras casas en donde hay otro barrio como éste sobre las nubes”

El autor en mención sostiene que la narradora hace referencia a las palomas como un símbolo del futuro, sugiriendo la posibilidad de una vida distinta. Sin embargo, no queda claro si el "arriba" mencionado por Mamá Griselda se refiere a una vida mejor o a la vida después de la muerte en el cielo cristiano. Sin embargo, cuando el cura del pueblo les niega la comunión, la visión de la novela y la narradora sobre lo religioso queda clara: la iglesia es muy discriminadora que las tratan de forma indiferente como el resto de los vecinos. Más adelante, cuando los hombrecitos acosan a su hermano Yococo, la narradora intentará recuperar la imagen de las palomas como una forma de escape, pero sin éxito: “Quise ser una paloma y no pude. Quise flotar. Intenté cerrar los ojos para transformarme en una paloma, pero no pude hacerlo y lloré. Luego volví a intentarlo, pero tampoco pude convertirme en una paloma”.

Como lo indica Gabriel Giorgi en formas comunes: “el animal empieza a desempeñar un papel cada vez más explícitos como signo político. Cambiar de posición en las gramáticas culturales revela las políticas que marcan y clasifican cuerpos en base a jerarquías y a dinámicas económicas relacionadas con la vida y la muerte.” (Giorgi, 2014).

La niña que cuenta la historia, la cual se quedará sola tras la muerte de su madre y hermano. Recuerda que su madre, antes de morir, le dijo: “"Eres hermosa, linda mi, cholita. Mi corazón de quindi. Eres inteligente. Piquito de tamarindo. ¿Tú sabías como éramos, verdad? Cuerda eres” (Salazar, 2021). Frente a toda la comunidad que persistentemente los ha excluido y los ha llamado locos, debido a su forma de vestir y por alimentarse de ratas y hurgar entre la basura, Griselda rechaza ese nombre y defiende la inteligencia de Maruja. Una inteligencia que, tristemente, no recibió una educación formal que pudiera ofrecerle la posibilidad de cambiar un destino que parece predeterminado. La inteligencia de la narradora, que quedaría demostrada en su forma de contar la precaria vida de la familia en este pueblo, se contrasta con la problemática percepción de la violación vista anteriormente y constituye, quizás, una manera de resistir a esas violencias que han marcado su vida y la de su familia. (Salazar, 2021)

Por eso, Cárcamo comenta que la narradora lo relata todo, su mirada y su cuerpo reflejan la vulnerabilidad asociada a su condición de mujer y niña. Al final de la novela, ella demuestra claramente su anhelo por lo onírico y la belleza incluso en medio de una marginalidad social devastadora. (Cárcamo, 2005)

 

Referencia Bibliográfica

Alzate, N. (2017). Infancias migrantes: territorios, trayectos y desplazamientos en" Montacerdos", de Cronwell Jara/Childhood Migrants: Territories, Journeys and Displacements, in Cronwell Jara's" Montacerdos". Iberoamericana (2001-), 189-204.

 

Jiménez, C. (2021). Otros cuerpos, otras miradas: Formas de la violencia de género en  Montacerdos de Cronwell Jara (1981) y “Sangre coagulada” de Mónica Ojeda (2020). Cuadernos del CILHA22(1), 192-208.