Jimenez Villegas Erick Uziel - El abuso sexual infantil en el Perú
El
abuso sexual en adolescentes representa un desafío alarmante en Perú, tanto
desde la perspectiva de la salud pública como de los derechos humanos. Esta
problemática trasciende las fronteras geográficas y sociales, afectando a
comunidades urbanas y rurales por igual. Las consecuencias devastadoras del
abuso sexual en esta etapa crucial del desarrollo pueden dejar cicatrices
emocionales profundas y duraderas en los jóvenes afectados, alterando su salud
mental y su capacidad para desarrollarse plenamente. Además, el abuso sexual
viola flagrantemente los derechos fundamentales de los adolescentes, socavando
su dignidad y autonomía. Por lo tanto, abordar este problema requiere un
enfoque integral que incluya la prevención, la protección de las víctimas y el acceso
a servicios de apoyo adecuados, así como el fortalecimiento de las leyes y
políticas destinadas a proteger a los adolescentes y garantizar su bienestar
(Espinoza, 2023).
Para
comprender más a fondo este problema es esencial hablar de unos de los mayores
responsables, los agresores. Tristemente, no se puede definir un perfil único
de agresor sexual infantil. Sin embargo, se puede aludir a una serie de
características que ellos comparten, como elementos sociodemográficos, clases
sociales, la relación entre el agresor y las víctimas, enfermedades mentales y
de personalidad e historia personal. Por lo tanto, distinguir los perfiles
criminales de diferentes delincuentes sería importante para comprender la
naturaleza psico-criminógena del abuso sexual infantil (Espinoza, 2023).
Según Frías (2015), el abuso sexual es un
problema social que perjudica gravemente a los niños, niñas, jóvenes y
adolescentes; teniendo efectos que se ven reflejados en la conducta observable
y no observable (cogniciones, emociones, sentimientos, recuerdos,
percepciones), y el desarrollo de quien lo sufre.
En muchos casos, cuando la víctima reporta un
caso de abuso sexual, enfrenta el desentendimiento, poca atención, falta de
coordinación y apoyo, escaso conocimiento sobre el psiquismo infantil y una
deficiencia en las respuestas institucionales, lo cual puede conducir al
reenvío del niño a las manos del victimario. Esta lamentable situación tiene
consecuencias devastadoras, dejando presagiar un futuro muy triste para quienes
han sido agredidos en lo más íntimo de su alma. El dolor de la agresión queda encerrado
en el silencio de la incomprensión y el sinsentido, todo producto de la
evidente desgana de estas instituciones por asumir la responsabilidad y el
seguimiento de estos casos, posiblemente debido a un sentimiento de incapacidad
para intervenir de manera adecuada (Dupret, 2013).
A raíz de esta incompetencia y falta de atención
por parte de las instituciones, los niños, niñas y adolescentes enfrentan una
serie de efectos negativos y consecuencias psicológicas, tales como vivencias
traumáticas en la infancia o adolescencia, estilos parentales negligentes,
rechazo o desvinculación emocional, carencias afectivas y de comunicación,
hipersexualización de su emocionalidad y conducta, mayor fragilidad
psicológica, mayor grado de problemas internalizantes y temprana socialización
sexual. Agregado a ello, experimentan vivencias traumáticas sexuales con
imágenes violentas o con implicación de menores y la dificultad de adquirir
inhibiciones para evitar conductas sexuales debido a experiencias anómalas
vividas u observadas (Dupret, 2013).
Según Ferenczi (1933), en las prácticas
institucionales, muy a menudo, la víctima infantil está considerada como mero
objeto de la intervención, sin que se dé mayor atención a su subjetividad de
ser dotado de palabra.
Para
combatir esta problemática, es necesario que los profesionales de la salud
enfoquen su trabajo no solo en sopesar las consecuencias y el impacto del abuso
sexual, sino también en implementar medidas preventivas. Una de las estrategias
más eficaces son los programas de prevención, especialmente cuando involucran a
actores externos como padres y docentes. La literatura científica ha demostrado
que muchas iniciativas para prevenir este tipo de abusos se enmarcan en el
ámbito escolar. Estas intervenciones, que buscan reducir las tasas de
victimización, aumentar la conciencia y habilidades de prevención, y conectar a
las víctimas con los recursos legales, han generado resultados positivos al
enfocarse en desarrollar medidas inmediatas de protección (Machaca, 2021).
Por ejemplo, en una institución educativa
estatal ubicada en la ciudad de Puno, Perú, se desarrolló un programa
psicoeducativo para informar a los niños sobre la sexualidad y los riesgos que
existen en el mundo, así como para desarrollar sus habilidades de evasión y
prevención de estos peligros. Este programa, aplicado a jóvenes y niños,
demostró su efectividad al mejorar el conocimiento de niños, niñas y
adolescentes sobre la prevención del abuso infantil (Álvarez, 2019).
Viñas (2019) afirma que este tipo de programas
logran incrementar conocimientos básicos sobre la sexualidad humana, generando
en los niños una actitud positiva hacia su sexualidad, mejorando así, su
capacidad de prevenir y evitar situaciones que los pongan en riesgo.
Referencias:
Alvarez-Apaza,
R., Machaca-Mamani, A., & Mamani-Benito, O. (2019). Eficacia de un programa
psicoeducativo para prevenir el abuso sexual en menores de educación primaria. CASUS.
Revista de Investigación y Casos En Salud, 4(2). https://doi.org/10.35626/casus.2.2019.162
Dupret, M.-A., &
Unda, N. (2013). Revictimización de niños y adolescentes tras denuncia de abuso
sexual. Universitas, 19, 101–128. https://doi.org/10.17163/uni.n19.2013.04
Espinoza, G.
I. T. (2023). Abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes en Lima, Perú:
una aproximación general a los patrones de personalidad, características
sociodemográficas y el riesgo de violencia de los perpetradores. Revista
Criminalidad/Revista Criminalidad, 65(1). https://doi.org/10.47741/17943108.407